Existe un concepto en psicología social conocido como la teoría de los vidrios rotos. Explica cómo los signos de descuido, desorden o abandono —como una ventana rota sin reparar— transmiten un mensaje de impunidad. Esto provoca que las personas comiencen a ignorar las normas sociales, escalando rápidamente hacia comportamientos cada vez más incívicos.
Llevo unos cuatro años viendo cómo esta teoría se cumple al pie de la letra en las calles de mi barrio. Y créanme: es indignante.
La vereda ¨privada¨ y la inacción municipal
Por razones de alquiler nos hemos mudado en más de una ocasión, pero la rutina con mi hijo se mantiene: me encargo de las tareas del hogar y de acompañarlo caminando diariamente a sus centros de estudio.
En el camino a la escuela (una calle principal por la que circulan cientos de niños, liceales y vecinos), hay un ¨buen vecino¨ que desde hace 4 años decidió que la vereda frente a su garaje era su estacionamiento privado.
No conforme con bloquear el paso peatonal con un auto, impulsado por la impunidad, sumó un segundo vehículo. ¿El resultado? Los niños y las familias tenemos que bajar a la calle para poder pasar.
Y como la impunidad se contagia: El vecino de al lado, al ver que no pasaba nada, empezó a hacer exactamente lo mismo.
Una respuesta insólita
Durante cuatro años he ingresado denuncias formalmente a través del formulario web de la intendencia. Pensaba que al señor simplemente no le importaba acumular multas ni el riesgo al que nos exponía a todos.
Pero hace poco me lo crucé. Le pedí amablemente si, por favor, podía dejar sus autos dentro del garaje o sobre la calle, y no sobre la vereda. Para mi absoluta sorpresa, me respondió con total convicción: que como él había pagado el arreglo de la vereda, tenía derecho a dejar el auto ahí.
Sorprende darse cuenta de que nadie —ni un solo inspector en cuatro años— se acercó a explicarle que estaba cometiendo una infracción. ¿Dónde quedaron las denuncias web? ¿Alguien las lee? Cuatro años reclamando para lo único que sirvió fue para ver cómo el mal ejemplo se multiplicaba.
🎮 NUEVO DEPORTE URBANO: EL PACMAN DE BARRIO
Por la vereda no podés caminar porque están los autos de los vecinos.
Tenés que bajar a la calle, donde ahora la dificultad aumenta:
hay que esquivar los camiones estacionados.
Ahora, en mi propia cuadra, mi vecino el camionero empezó con la misma actitud. Y como ¨es barrio¨, parece que importa menos.
Al final del día, la teoría se confirma: cuando las autoridades miran para otro lado y nadie pone un límite, el civismo desaparece y la calle se convierte en un sálvese quien pueda.