El filtro que perdimos: ¿Por qué en redes sociales todo vale?

El filtro que perdimos: ¿Por qué en redes sociales todo vale?

Acá estoy otra vez, a puro rezongo.

Pasó el fin de semana de la final del mundial de futbol y la verdad es que sigo viendo cosas en redes sociales que no puedo creer. Me asombra cada vez más la estupidez con la que el ser humano se expresa cuando se esconde detrás de una pantalla.

Dentro de las tantas enseñanzas que me inculcó mi padre (y que por suerte tengo presentes), hay una que me quedó grabada:

«Primero tenés que pensar lo que vas a decir, razonarlo y recién después hablar.»

El famoso ¨Pienso, luego existo¨. Reconozco que no siempre la aplico a la perfección. Soy impulsiva y entiendo que, en el calor del momento, a cualquiera se le puede escapar una palabra sin pensar. Peeeero… ¿acaso no tenemos tiempo suficiente para pensar lo que redactamos en un estado o en un tuit?

El odio heredado y la catarsis colectiva

A raíz del fútbol, vi a muchísima gente destilando un odio feroz e injustificado.

Un enojo acrecentado por «dimes y diretes», por opiniones ajenas o simplemente por prejuicios hacia personas que no conocen.

Pero lo que más me impactó fue ver a conocidos en esa misma sintonía.

Gente grande emitiendo discursos de odio «así porque sí», escudándose en la pasión deportiva.

Gente muy joven ofendiendo a un país entero desde el puro desconocimiento, impulsados por la catarata de toxicidad que consumen día a día en sus pantallas y que no hacen más que replicar.

Gente cuyo único contacto con un argentino ha sido ir a hacer compras cuando el mercado era mas barato cruzando la frontera  o cuando se cruzan con un turista en verano.

De repente, juzgando y agrediendo como si conocieran la verdad absoluta.

La trampa de la instantaneidad

No es mi intención defender a nadie. Mi intención es dejar una reflexión sobre la trampa en la que caemos todos los días.

La inmediatez que nos proponen las redes sociales nos hace sentir que tenemos que opinar de todo, todo el tiempo. Nos vende la falsa idea de que nuestra reacción instantánea es necesaria. Y en esa urgencia por publicar «lo que nos parece», muchos no se dan cuenta de algo fundamental: a la mayoría de la gente no le importa esa opinión, pero sí nos deja ver con qué tipo de persona estamos tratando.

Así que les dejo la inquietud: reflexionemos un poco más antes de tocar el botón de Publicar. Miremos bien qué compartimos. A veces, que todo el mundo repita una mentira o un insulto, no significa que esté bien.

¿Sentís que en las redes perdimos el filtro? ¿Alguna vez te cachaste a vos mismo publicando algo al calor del momento de lo que después te arrepentiste? Dejame tu punto de vista en los comentarios (prometo leerte con filtro y empatía 😉).

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