Lo mismo, pero distinto: la sutil (y ruidosa) falta de respeto en el espacio público
Ayer acompañé a mi hijo a una consulta médica y me asombró darme cuenta de que me pasó exactamente lo mismo —pero en un escenario distinto— a lo que me había pasado hace unos días en el centro de la ciudad.
Me explico:
La semana pasada tenía que ir a la central de mi sociedad médica. Me levanté temprano, desayuné y salí a esperar el bondi. Para mi sorpresa, cuando llegó, era una de las unidades nuevas. El día estaba inhóspito (frío, viento de ese que te cala los huesos) y el ambiente adentro del ómnibus invitaba a un limbo entre pestañear y no molestar a nadie.
Divisé el único asiento libre en la última fila y me fui para el fondo. Al sentarme, me di cuenta de que el muchacho de al lado venía mirando videos en el celular… sin auriculares y a todo volumen.
La ironía del cartel
Lo más increíble de la escena es que el tipo venía apoyando la cabeza justo sobre el cartel que prohíbe el uso de celulares con volumen alto sin auriculares. Y no es que no lo hubiera visto; el bondi estaba prácticamente empapelado con ese mismo pegotín en cada ventana.
Por si fuera poco, su forma de acomodarse en el asiento —a lo macho, de patas abiertas— pretendía que yo me replegara en el rinconcito que quedaba.🤔
No me achiqué. Me acomodé ocupando cada centímetro de mi espacio (porque no tengo por qué viajar apretada para que él viaje cómodo, todos pagamos el mismo boleto). Me puse mis auriculares y subí el volumen al máximo. Se ve que mi ruido le molestó, porque al toque bajó el suyo y se dio vuelta hacia la ventana. Santo remedio: ahí bajé yo el mío.
Es sencillo: si no tenés auriculares, lee, mirá para afuera o simplemente descansá la mente. Viajamos muchísimos años sin pantallas en el bondi y sobrevivimos perfectamente. Un viaje más no te va a hacer daño.
Acto II: La sala de espera
Ayer, en la sala de espera del médico de mi hijo, la historia se repitió. Llega una señora, se acomoda en la silla y… empieza a mirar videos en el celular con el volumen al palo. ¿De verdad es tan urgente mirar el informativo ahí mismo? Dura cuatro horas, perfectamente lo podía mirar al llegar a su casa.
Tuvo que venir un guardia a pedirle, amablemente, que por favor bajara el volumen.
Pero la cosa no quedó ahí. Justo antes, el mismo guardia le había pedido a una madre que, por favor, sus niños no comieran en la sala de espera. Y ahí me surgió otra gran duda: ¿en serio les parece buena idea darles comida a los gurises en la sala de espera de un centro de salud?
Estamos rodeados de personas enfermas, tosiendo, con virus de todo tipo flotando en el aire, ¿y les das comida para que la manipulen ahí? Pero bueno… ese rezongo mejor lo guardo para otro día, porque procesar tanta falta de sentido común en una sola semana ya es demasiado.
Y vos, ¿qué nivel de paciencia tenés en el bondi? ¿Sos de las que se ponen los auriculares para aislarse o de las que clavan la mirada hasta que el otro apaga el celular? Dejame tu descargo en los comentarios, que hoy hacemos terapia de grupo.