Otra entrega de: «Pasa por donde puedas» (Edición El Señor de los Anillos)

Hoy, en cosas que solo me pasan a mí, les traigo una nueva entrega de nuestra sección favorita: «Pasa por donde puedas».

Y es que sí, como ya sabemos, transitar caminando por la ciudad es todo un deporte extremo. A veces me siento Frodo Bolsón tratando de llegar a Mordor para tirar el anillo. ¿Los orcos en esta historia? Los seres poco pensantes y los «vivos» de turno que nos cruzamos a cada cuadra.

El otro día salí de casa. Destino: la casa de una amiga. Termo y mate bajo el brazo, por supuesto.

Todo iba bien hasta que llegué a la esquina de mi cuadra… y ups, misión imposible: no pude cruzar. ¿Me asombré? Claro que no. Desde hace un tiempo, un «vecino» ha decidido que el mejor lugar para dejar su vehículo de trabajo es justo frente a su casa. Y eso no sería un problema… si el señor no fuera camionero.

El arte de complicarle la vida al resto

Para que se hagan una idea: el camión viene con zorra incluida. Ocupa más de la mitad de la calle, tapa por completo la esquina por donde debemos cruzar los peatones y, de yapa, le anula el 100% de la visibilidad a los autos que vienen.

Dato extra para sumarle adrenalina al paseo: Justo en esa esquina hay una placita. Quizás el señor piensa que es el lugar ideal porque ahí «no vive nadie». Total, los gurises que van a jugar no importan, ¿no?

Me resulta inquietante que ni él, ni su familia, ni sus amigos le digan absolutamente nada. ¿En serio no se dan cuenta de los accidentes que pueden provocar? ¿Acaso somos tan pocos los que nos paramos a pensar en el otro?

⚠️ REGLA DE ORO DE LA CALLE:

Tapar una rampa o una esquina «por 5 minutitos» puede desencadenar una tragedia. 

¿De verdad piensan que son inmunes a las consecuencias o simplemente les da igual?

Hijos del rigor: la viveza criolla en su máxima expresión

Estoy convencida de que muchas de las personas que cometen estas infracciones lo hacen por una sola razón: saben que no hay consecuencias.

Somos bichos de costumbre. Si el sistema no fiscaliza regularmente y nadie se queja, el infractor lo ve como un «logro». Se siente el más vivo del barrio.

Creo que va siendo hora de que empecemos a cuestionarnos la forma en que actuamos. Necesitamos mirarnos al espejo y preguntarnos por qué nos cuesta tanto tener un gramo de empatía… o por qué, para decirlo con todas las letras, terminamos siendo tan soretes 💩 como el de al lado.

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